Nuestro personaje

6–8 minutos

leer

Admitámoslo, todos vivimos alimentando un personaje, un personaje con nombres y apellidos. Si os preguntara, estoy seguro de que se os ocurrirían muchas diferencias entre la niñez y lo que vino después. No sé si os pasaría como a mí, y estaría bastante interesado en saber si lo que voy a compartir a continuación es algo común o no, pero de niño, en especial en etapas un poco más avanzadas de la niñez, distinguía dos tipos de juego: los juegos donde los protagonistas eran personajes ajenos a mí (Spiderman, Hulk, Action Man…), y otros donde el protagonista era yo. Y no solo eso, según avanzó mi infancia pude notar que el segundo tipo de juego se extendía a la “vida real”. ¿En qué sentido? Pues bien, igual que cuando juegas con juguetes cuentas una historia, había ocasiones en las que era mi vida la que se convertía en una historia autonarrada. En otras palabras, durante ciertos periodos yo mismo me convertía en mi foco de atención, y me convertía en uno más de mis juguetes, por decirlo así. Cuando estaba así, el juego con juguetes casi que no estaba permitido, porque entonces mi foco de atención no iría sobre mí, sobre lo que hiciera, mis actividades, mi yo… sino que iría sobre personajes ficticios ajenos a mí. En resumidas cuentas: me convertía en un personaje más. En esos momentos me percibía de forma muy diferente. Era como si mi historia, mis actos, mi aspecto, mis palabras… como si todo cobrara cierto valor, como si todo estuviera encajado e integrado en una identidad, un personaje.

Estoy seguro de que si nos pusiéramos a analizar el juego de los niños, nos daríamos cuenta de que los personajes que los niños admiran (superhéroes, personajes de acción,…) muestran rasgos valorados por la sociedad, y por tanto, rasgos que nos gustaría compartir con ellos. Cuando jugamos proyectamos atributos socialmente valorados en nuestros juguetes, en nuestros personajes ficticios. ¿Por qué valoramos a los hombres valientes, fuertes, decididos, o incluso toleramos en bastante grado la violencia por su parte? ¿Por qué en el caso de las mujeres valoramos los lazos afectivos, los roles familiares, el cuidado del aspecto físico, las relacione sociales? Si analizáramos el juego infantil encontraríamos muchos de estos atributos. Supongo que los valoramos porque nos bombardean con personajes de este tipo, y porque son atributos que vemos en las personas más cercanas a nosotros. Y bueno, ¿por qué no? También por cierta predisposición genética (aunque esto solo como facilitador, no como causa directa). Nos consideramos más o menos válidos en función de la posesión de estos rasgos.

A modo de hipótesis, puede que los niños creen personajes ficticios porque es la única forma de ver sus aspiraciones cumplidas, dadas las limitaciones de la edad. Es por ello que probablemente, al desaparecer estas limitaciones, nos veamos capaces inconscientemente de cumplir esas aspiraciones y nuestro foco de atención pase a nosotros mismos.

Siguiendo mi planteamiento anterior, tenemos dos tipos de juegos, con personajes exteriores, y con nosotros mismos como personajes. Creo que cuando avanzamos en edad el que debe predominar es el segundo, hasta que finalmente llega la adolescencia y se queda el segundo tipo de juego, que deja de ser un juego para convertirse en nuestra vida. Nos convertimos en un personaje con nombres y apellidos, un personaje que tiene que cumplir ciertos criterios para ser valorado por los demás, y lo más importante, por uno mismo. Vamos por la vida queriendo llegar a ciertos ideales. Ser fuertes, ser confiados, destacar sobre el resto, no mostrar debilidad… Idealizamos al extremo nuestro personaje y no le permitimos debilidad. Parece que lo que la sociedad fomenta es que nos creamos la idea de que las personas que valen no cometen errores, se adaptan a la perfección y destacan sobre el resto. Vivimos en una sociedad tremendamente competitiva, parece que no podemos valer si no es quedando por encima de los demás. En resumen, acabamos con una idea de ser humano demasiado perfeccionista, unos ideales totalmente desproporcionados. La adolescencia de hecho, debe ser tan complicada en parte por esto, por darnos cuenta de que, al pasar a ser nosotros nuestros personajes ficticios, no podemos superar todo lo que Action Man o Barbie hubieran superado sin problemas. Este cambio de foco podría considerarse, en términos psicoanalíticos, una sublimación, cambiar algo socialmente rechazado (el juego infantil, jugar con personajes ajenos a nosotros) por algo aceptado (convertirnos nosotros en los protagonistas del juego).

¿Cuál es el resultado de todo esto? Entre otros la competitividad, el individualismo, el perfeccionismo, y en el lado más patológico, los problemas de autoestima, el narcisismo, y un sinfín de problemas sociales.

Probablemente, si pasáramos nuestra vida sin dar tanta importancia a nuestro personaje, un personaje que ha de triunfar sobre el resto, un ser imprescindible para la existencia y un ser inmortal, viviríamos sufriendo mucho menos. Dicen por ahí que la vida a fin de cuentas es un chiste y que quien se la toma en serio sufre de más. Mi planteamiento va en esa dirección, en hacer más cosas en la dirección correcta, la dirección que nos llene y nos haga felices, y no la dirección que simplemente alimente nuestro personaje, un personaje que a fin de cuentas es ficticio, ya que incluso por mucho que nos creamos lo perfectos que somos, estaremos muy alejados de la realidad, una realidad imperfecta y decadente, pero que a su vez es increíble por eso mismo. Y digo esto porque se puede encontrar la perfección en la imperfección, lo aleatorio y el caos. Es lo real, y es lo que somos, y lo que en cierta forma nos enriquece tanto. En esta sociedad, por el contrario, se fomenta lo perfecto, lo impoluto. Sin ir más lejos, las redes sociales nos bombardean con mensajes hedonistas que parecen condenar cualquier tipo de fracaso o sufrimiento. De la misma forma nos muestran personas excesivamente arregladas, con un aspecto tan cuidado que deja de ser natural.

Es probable que cada persona que haya leído este post lo haya interpretado a su manera, aunque haya captado las ideas principales que he intentado transmitir. Digamos que el segundo paso que todos habréis dado, el cual supone aplicar a vuestra historia todo lo que he contado, sea diferente en cada uno de vosotros. Es por ello que quiero recalcar ahora la implicación de lo que acabo de escribir, y que lo veáis lo más parecido posible a como lo veo yo. Quiero que cuando deis este segundo paso consideréis toda vuestra vida, desde la adolescencia hasta ahora, como una especie de autonarración. La forma en la que os veis a vosotros mismos, la forma en la que veis la vida y vuestros objetivos. Esto no es simplemente cuestión de subir a Facebook más o menos selfies, o de ir presumiendo de hacer X cosa. Esto tiene mucha más implicación según lo veo yo. Tanto las personas que parece que viven intentando dar una imagen positiva a los demás, como las personas que viven de forma algo más introspectiva, experimentan esto de cierta forma y hasta cierto grado. Alguien ajeno a esto supondría alguien capaz de observarse desde fuera en cierto modo, tomar distancia de sí mismo y considerarse un ser viviente, una parte más de la existencia, y no un mero personaje.

Sé que esto es un poco abstracto, y mediante palabras siempre es un poco difícil conseguir que alguien sienta lo mismo que sientes (por no decir imposible), pero espero al menos haber levantado algo de curiosidad respecto al tema.

Como dije en la presentación del blog, siempre serán bienvenidos comentarios de todo tipo, pues uno de mis objetivos al crear este sitio fue precisamente conseguir aprender de las personas que me leyeran. Por ello os animo a comentar por aquí o en el grupo de Facebook del blog: “El Delirio De Existir (Psicología y Filosofía)”.

¡Un saludo y hasta la próxima!

3 respuestas a “Nuestro personaje”

  1. Buenas!! Excelente post, me gustaría dejar una frase que personalmente me gusta bastante y considero que pega con el tema tratado:

    «El mundo es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores»

    Me gusta

  2. Muy bueno!! me ha gustado mucho Jorge, es una especie de ventana a tu mente, y se puede sentir una gran curiosidad intelectual.

    En cuanto al post en sí mismo, estoy de acuerdo (o al menos eso creo si lo he entendido bien jajaja), al fin y al cabo queremos convertirnos en ese personaje ideal que nos hemos creado para nosotros mismos, como tu dices: reflejando todo aquello que es valorado favorablemente por la sociedad. Nos creamos y nos valoramos a nosotros mismos a través del espejo del Otro, y nos perdemos en él. Y de igual manera juzgamos a los demás diciendo lo que nos gusta y lo que no nos gusta de los demás proyectándonos a nosotros mismos y cómo nos gusta ser o no ser…

    Continuará jajaj

    Me gusta

    1. Avatar de eldeliriodeexistir
      eldeliriodeexistir

      ¡Gracias Melisa! Y muy interesante tu aporte. Nuestro personaje no solo tiene repercusiones a nivel individual, sino que además influye en la forma en la que vemos a los demás. Como tu dices, juzgamos a los demás también en función de nuestro personaje. Lo que aceptamos y no aceptamos de nosotros mismos se ve reflejado en el tipo de personas que toleramos o no toleramos. Muy interesante 🙂

      Le gusta a 1 persona

Replica a Meliso el pelo ♪ (@MelisaGoyaN) Cancelar la respuesta