La palabra y lo natural: entre el símbolo y la raíz

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El tema que he explorado con este dibujo es tan amplio que podría dar pie a infinidad de artículos. Parte de una tensión fundamental: la palabra y lo natural. La palabra como expresión de lo mental, de los recursos y mecanismos que usamos para ordenar el mundo y adaptarnos a él. Nuestra matrix.

A veces olvidamos que aquello que consideramos “realidad” no es más que una construcción mental. La realidad en su máxima extensión se nos escapa. Hay elementos que, aunque damos por hechos, siguen ahí, más allá de nuestra comprensión. Cuando hablamos de “naturaleza”, quizá nos referimos precisamente a todo eso que desborda la palabra y no tiene límites.

En un reel de mi perfil de Instagram ya hice una primera aproximación al tema:

De este encuentro —o tensión— entre palabra y naturaleza surgen muchas otras: el yo y el inconsciente, lo social y lo natural, el ego y el ser, lo intelectual y lo corporal, la abstracción y la materia, lo racional y lo artístico… En el taoísmo podríamos hablar de la virtud (te) y el Tao, lo manifiesto y lo no manifiesto. Aunque parezcan pares opuestos, en realidad son dimensiones complementarias. Justo eso intentaba explorar en el dibujo: de una palabra nace una raíz… ¿En qué momento exacto la palabra se convierte en carne, tierra, raíz?

En psicología podríamos decir que una palabra se convierte en raíz cuando abre posibilidad, cuando genera acción. Es cierto que también puede estancar, que puede cerrarse sobre sí misma. Pero una palabra viva puede abrir. ¿Es fijo aquello que una palabra nombra? No necesariamente. El psicoanálisis, por ejemplo, distingue entre significante y significado, y plantea que esa relación es dinámica, móvil. Lo que un concepto abarca puede cambiar e incluso permanecer abierto. Piensa en palabras japonesas como yūgen o satori: lo que significan es, en cierta forma, inabarcable, y esa apertura forma parte del concepto.

En muchas corrientes psicológicas se insiste en poner en palabras lo que duele: un trauma, una herida, una memoria. El trabajo pasa por localizarlo —en el cuerpo, en la mente— y luego traducirlo al lenguaje. Esto no sólo lo hace más manejable, sino que permite compartirlo. Pero también hay límites. Las palabras nunca abarcan todo. Mucho menos cuando se trata de comunicación: por más que yo hable de amor, nunca sabré con certeza cómo lo siente el otro en una situación concreta… ni él sabrá cómo lo vivo yo. Por más que intentes describirle el azul a un ciego, nunca lo experimentará como tú.

¿Deberíamos entonces dejar de poner palabras? No se trata de elegir entre una cosa u otra. Aceptar que el otro nunca sabrá del todo lo que sentimos puede ser liberador. Pero el esfuerzo por comunicar ya nos acerca. Aquí es donde el arte también se vuelve puente: trabaja con la emoción y la experiencia de forma directa, más allá de la palabra. Aunque nunca podamos habitar la vivencia exacta del otro, sí podemos sentirnos acompañados, sabernos humanos compartiendo una misma fragilidad.

Poner palabras también es una forma de acción. A veces nombrar el dolor es el primer paso para transformarlo. A nivel subjetivo, la palabra abre rutas mentales antes cerradas o inexistentes. Pero también es cierto que hay vivencias que se resisten al lenguaje. Nombrarlas demasiado pronto o con palabras ya cargadas puede limitarlas, reducirlas. Entonces es más útil sentir:
¿Cómo lo sientes en el cuerpo?
¿Qué textura tiene esa emoción?
¿Dónde se aloja?
¿Qué te revela esta experiencia sin necesidad de traducirla?

Aquí, de nuevo, el arte, la expresión corporal, la danza, el gesto… son lenguajes que trascienden lo verbal y nos conectan directamente con lo real.

Podríamos cerrar diciendo que la palabra es raíz cuando abre camino al ser o a la acción, cuando conecta con la experiencia de forma viva. Es raíz cuando no encierra, sino que habilita. En cualquier caso, como toda palabra viva, este tema queda abierto, en constante movimiento, como debe ser.

Espero que estas palabras hayan servido de inspiración. Me encantaría leeros: ¿qué experiencias tenéis con este diálogo entre palabra y vivencia?

Si sientes que hay vivencias en ti que aún no tienen palabras, o que las que usas ya no te sirven para avanzar, quizá sea el momento de explorar nuevos caminos. En mi consulta trabajamos precisamente desde ese lugar: entre lo que se puede decir y lo que se intuye, entre lo que duele y lo que quiere transformarse. Si estás en un proceso de búsqueda, de cambio o de autoconocimiento, estaré encantado de acompañarte. Puedes escribirme para pedir una primera cita o simplemente para comentar lo que te haya resonado del artículo.

¡Un saludo y hasta la próxima!

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