Un humano frente a otro

2–3 minutos

leer

Hoy quiero compartir con vosotros un proceso creativo que surgió hace poco durante una escapada a la playa con unos amigos.

Aquel día aparecieron varios temas interesantes, tanto en cuanto al contenido como al formato de creación. Humanos puestos en interacción: ¿dónde quedan los límites? Y, por otro lado, el hecho de pintar rápido, casi sin pensar. ¿Qué sucede cuando lo haces así? A partir de las notas que escribí ese día, me gustaría desarrollar un poco todo esto.

Ya no duele.
Uno no decide cuándo algo deja de doler. Simplemente, deja de hacerlo.
Mientras duele, todo puede hacerse un mundo… pero eventualmente, se disuelve.
No lo decido yo, ni tu madre o tu padre, ni tus colegas, ni tu psicólogo.
No lo decide nadie.
Un día, sin más, deja de doler.
Y ya está.

Sin tiempo, sin prisas.
Estar en la playa y sentir que el tiempo se vuelve eterno.
De pronto no hay horarios, no hay urgencias.
Solo el presente. Solo lo que fluye.
¿Qué hora es?
No lo sé. Solo sé que es de día. El resto da igual.

Si dibujas lo suficientemente rápido, no piensas. Sientes.
Este dibujo lo hice a toda velocidad, con ligereza.
No por prisa, sino precisamente para no pensar demasiado en lo que hacía.
Para que las ideas salieran solas, tal como venían.
Por eso digo que si dibujas lo bastante rápido, no da tiempo a racionalizar.
Solo sientes.
Es pura sensación, sin ego, sin intencionalidad, sin una dirección consciente.

Un humano frente a otro.
¿Violencia o fraternidad?
¿Separación o encuentro?

Es un tema que me ronda desde hace tiempo:
¿Podemos realmente tocarnos a ese nivel profundo?
Parece un gran anhelo, pero difícil de alcanzar directamente.
Al menos, no de forma evidente. No a un nivel físico.

Quizá haya formas indirectas, o “no físicas”, de tocarnos.
Tal vez exista algo que traspasa, una especie de energía…
O tal vez, simplemente siendo auténticos y ofreciéndonos al otro con sinceridad,
acabemos generando algo,
si no igual, al menos algo similar.
Y, en cualquier caso, algo favorable para el otro.
Eso es el amor. Y así nos llega.

¿Y cuando nos miramos fijamente?
¿Qué sentimos?
Puede resultar violento o fraternal.

Si partimos de la sensación de separación, suele ser incómodo, incluso hostil.
Una lucha de espacios.
Pero si partimos de la unión, permitimos al otro ser,
lo vemos como nos vemos a nosotros mismos.
Entonces el espacio entre ambos se reduce, casi desaparece.
Tan imperceptible… que quizá incluso lleguemos a tocarnos, de verdad.

Espero haber despertado alguna idea, alguna resonancia en vosotros.
Os animo a probar este tipo de creación libre. No hace falta que tengáis un objetivo concreto. Hacedlo porque lo necesitáis, porque os nace de dentro. Y estoy seguro de que, al hacerlo así, siempre surgirán cosas que no os dejarán indiferentes.

Si este tipo de reflexiones resuenan contigo y sientes que quieres explorarlas más a fondo, te invito a hacerlo en un espacio seguro, íntimo y respetuoso. En mi consulta trabajamos desde la autenticidad, el cuerpo, la emoción y la creatividad como caminos hacia el autoconocimiento y el bienestar. Si te apetece iniciar ese viaje, estaré encantado de acompañarte. Usa la sección de contacto y agendaremos una primera sesión gratuita. Para más información visita la página de inicio.

Podéis seguirme en @jorgeguillen.psicologia

Deja un comentario