Ascensión a un falo (alcanzar el objeto de deseo)

3–5 minutos

leer

El término “falo” en psicoanálisis hace referencia nada más y nada menos que al objeto de deseo. Y el objeto de deseo no deja de ser algo cambiante, no es una entidad fija en ningún caso. Lacan y Freud plantean que somos seres deseantes por naturaleza, es nuestro estado natural, lo que hace mover la rueda mental. No se puede no desear. En su terminología también es muy importante hablar de la “falta”, la cual genera deseo que buscamos satisfacer con el objeto de deseo, satisfacción que nunca es total, pues siempre acabamos pasando de un objeto al siguiente.

En psicoanálisis además son de gran importancia las primeras experiencias de satisfacción de una demanda, que en primera instancia son muy básicas: nutrición, agua, molestias corporales… Bajo esta perspectiva, las futuras formas de satisfacción y los objetos de deseo que la persona elegirá a lo largo de su vida tendrán su origen aquí, y serán simplemente equivalentes o sustitutos de estas originarias. Pensad también que toda necesidad satisfecha genera alivio y placer, se activa el sistema de recompensa cerebral. No solo acabarán asociados los objetos más evidentes de la situación, también muchos de los elementos anexos. Nada más pensad en lo que experimentáis al volver a un sitio donde fuisteis felices, el propio sitio os genera bienestar, despierta en vosotros sensaciones agradables. Imaginad toda la cadena de asociaciones que se pueden ir formando y modificando a lo largo de la vida.

Pues bien, volviendo al tema principal de este artículo, la ascensión a un falo es básicamente ese momento de alcanzar el objeto de deseo. Supón que estás haciendo una carrera universitaria. En ese momento el falo sería el título, acabar la carrera. Si habéis sido universitarios sabréis lo que se siente una vez te gradúas y ahí en la ceremonia te ponen tu banda, te haces unas fotitos y a los meses te llega tu título o al menos su resguardo. Es raro. Desde luego no es lo que uno esperaba mientras hincaba codos horas y horas en su habitación. Es un momento de ser arrojado a un vacío y un lugar totalmente desconocido que se hace bastante hostil al principio.

Igual que nos pasa al graduarnos de la carrera nos pasa con el resto de cosas. Yo por ejemplo lo experimento constantemente con la música una vez que acabo de grabar una canción y la hago pública. No voy a decir que no sea un gran momento que disfrute mucho, pero ni de lejos es lo que mi mente imagina mientras hago la canción. Y bueno, una vez hecho, pues a lo siguiente, a buscar un nuevo falo, así funciona la cosa, pues lo que queda después de haberlo logrado es una sensación de vacío que no es muy agradable para quedarse.

Lo que diría que se hace desagradable de esa situación posterior a la realización de un objetivo no es tanto el experimentar “la nada”, sino más bien el vacío que deja esa cosa que tanto te ilusionaba. Cuando pensamos en la nada pensamos en una ausencia total, que la verdad es que no sé si es posible, desde luego es un concepto bastante filosófico. Vacío en cambio es en relación a algo, a eso que pierdes, una ausencia que se hace evidente en base a la presencia que se ha perdido. ¿Podemos plantear un vacío que no se defina por la ausencia de algo? Tema para el debate. Si hay algún filósofo en la sala que comente. El caso es que ese vacío no deja de ser un algo transitorio. Al final acaban llegando nuevas experiencias, nuevos objetos de deseo, y puede que un aprendizaje relativo al habitar el silencio, el estado contemplativo. Aquí las prácticas budistas tienen mucho que aportar, cosa que da para otros artículos.

De aquí podemos sacar varias aplicaciones prácticas:

Por un lado, aprender a no idealizar tanto la meta para poder disfrutar sin prisas el proceso, que al final es el momento de mayor disfrute. Tampoco sin llegar al extremo de que te sea indiferente, pues eso sería contraproducente, pero sí haciéndolo algo más realista.

Por otro lado, aprender a habitar el silencio, el equilibrio. Aquí nos ponemos más espirituales. Ese estado de plenitud donde todo está hecho y podemos simplemente contemplar y disfrutar. Esto me da para otro post, así que próximamente hablaremos de la diferencia entre hacer y estar.

Para finalizar, como siempre digo todo lo planteado es cuestionable y está abierto a modificación y debate, por lo que no dudéis en comentar y generar diálogo, siempre desde el respeto, por supuesto. Podéis escribir por aquí, en la página de Facebook asociada al blog o en mi perfil de Instagram. Tenéis ambos links arriba a la derecha del blog.

Si tenéis cualquier consulta no dudéis en escribirme! Podéis dejar comentarios también y debatir, siempre desde el respeto.

¡Un saludo y hasta la próxima!

Deja un comentario