Reflexiones de un introvertido. ¿Vivimos en base a símbolos?

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A los introvertidos, al menos en occidente, nos toca vivir en un mundo extrovertido. Se compensa el ser sociable, tener muchos amigos, salir de fiesta, beber, liarla parda, hablar por los codos,… ¿Pero qué pasa con los que preferimos quedarnos en casa viendo una peli o leyendo un libro, los que preferimos quedar con pocas personas para dar una vuelta, odiamos las fiestas, o preferimos escuchar en lugar de hablar constantemente? Desde luego, al margen de posibles malas miradas de algunos, acabamos desarrollando un sentimiento de culpa hacia algo que somos, y que no podemos (ni debemos) cambiar.

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Personalmente he pasado gran parte de mi vida sintiendo culpa, y en este último año he empezado a aceptarme como introvertido. Ya no me siento culpable al pasar muchos viernes en casa, o al pasar días enteros a mi bola haciendo multitud de actividades que me llenan (esta entre ellas). Y ahora, después de leer un poco sobre Jung, he dado con la clave de algo que me está ayudando mucho a lidiar con ciertos conflictos internos. El tema en cuestión es el de los símbolos.

Pues bien, ¿qué es un símbolo? En términos llanos, sería una representación de otra cosa. Para Jung un símbolo no es algo fijo, sino moldeable. Un mismo símbolo puede representar multitud de cosas y puede evolucionar con el tiempo. Además de los símbolos que Jung entiende como colectivos, que pertenecen al inconsciente colectivo, hay otros de índole personal que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida. Volviendo al tema de la introversión, nosotros al vivir más “hacia adentro”, vivimos más en base a nuestras construcciones de la realidad que en base a lo que observamos fuera de forma inmediata. Un extrovertido es más probable que se guíe con lo que tiene delante, y lo que es externo a él. Es por ello que la opinión de su grupo social será muy importante, y de la misma forma, sus problemas serán en su mayor parte cosas cuantificables del tipo “tengo problemas económicos”, “no encuentro trabajo” o “estoy enfermo”. Un introvertido en cambio se dejará guiar más por su propia subjetividad, por lo que la opinión de su grupo no tendrá en principio tanto peso o será procesada dentro de su subjetividad, y sus problemas serán cuestiones no tan cuantificables (por ejemplo, del tipo: “qué estoy haciendo con mi vida”, “no me siento realizado”, “no soy lo suficientemente bueno”, o “este mundo no funciona”).

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En resumidas cuentas, un extrovertido vive más en base a lo de fuera, y un introvertido por su parte vive más en base a su interior, y por tanto, a una construcción de la realidad. Vivimos en una burbuja, por decirlo así, nuestra burbuja. Vemos las cosas a nuestra manera, nos vemos a nosotros mismos a nuestra manera, y construimos el mundo a nuestra manera. Un extrovertido obviamente también tiene su construcción de la realidad, pero ésta en principio será más “objetiva”, más basada en lo que ve. Nosotros le daremos unas cuantas vueltas a la tortilla que lo hará todo un poco más complejo, ya sea para bien o para mal. Que conste que no considero la extroversión algo negativo. Considero que tanto introversión como introversión son tendencias con sus puntos positivos y negativos igual de validas.

Creo que a los introvertidos nos viene bien de vez en cuando tomar algo de distancia de nuestra burbuja. Supongo que cuanto más vives en base a construcciones, más pueblas tu vida de símbolos, más peso tienen. Reinan los segundos significados. Valdrá más un monumento por lo que significa que por su apariencia en sí, valdrá más la canción por lo que representa para ti que por su melodía pegadiza, valdrán más los problemas por la forma en que los piensas que por su apariencia en sí. Todos tenemos nuestro propio universo personal, y a veces puede ser peligroso perdernos en él y no poder volver al mundo real. También puede serlo que nuestra burbuja no permita cambios, reescribir ciertos símbolos que no nos benefician. Y desde luego, para moldear la burbuja constantemente hay que estar en contacto con el mundo, se necesita salir de vez en cuando.

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No sé si habré logrado transmitiros la idea que pretendía transmitir, pero en esencia lo que conseguí leyendo sobre Jung fue darme cuenta de que necesitaba salir de mis símbolos, de mi burbuja para toparme con el exterior y restablecer muchas cosas. Digamos que, en cierta forma me hizo más consciente de mi construcción (vs el mundo externo), y de mi funcionamiento más en base a mi subjetividad que a la objetividad. No es malo vivir en una burbuja, pues en cierta forma incluso los más extrovertidos lo hacen (aunque en una burbuja más compartida). Pero es necesario permitir que esa burbuja puedo cambiar constantemente para permitirnos avanzar y no quedarnos estancados.

Por cierto, sé que llevaba mucho sin escribir y que hasta ahora he publicado de forma muy esporádica, pero tengo intención de retomar el blog y escribir de forma más regular, así que permaneced atentos 🙂

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