Centro de Desintoxicación de la Vida

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La adicción es una respuesta a una carencia, a algo que falla, que falta. Es una forma de llenar un vacío. Dicho vacío puede ser de muchos tipos. Puede ser la ausencia del afecto de un ser querido, una ausencia de realización personal, un no cumplir con los ideales, una falta de amor propio, la ausencia de un lugar que ocupar en el mundo… En definitiva la falta. A todos nos toca convivir con la falta. Sin falta no hay deseo, y sin deseo no se puede llegar al movimiento que necesitamos para ser felices. Es un poco irónico, pero necesitamos desear para funcionar bien, de forma saludable. Sin embargo es un equilibrio que no siempre se resuelve fácilmente. Hay faltas que pueden pesar mucho, y no todas las personas las sienten de la misma forma, ni las resuelven de la mejor forma.

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Cuando el parche que se usa para suplir una carencia se convierte en algo rígido, o en algo que absorbe por completo a la persona, tenemos una adicción. Existen infinitas formas de adicción con las que nos podemos topar en la vida cotidiana. La adicción a los likes de las redes sociales que suplen serias faltas de autoestima; la adicción al alcohol como forma de evadirse de todo tipo de frustraciones diarias; la adicción al trabajo como forma de demostrar a la gente y a uno mismo, que se es válido, llenando ese vacío que te dice cuán inútil eres; la adicción a las relaciones interpersonales o al amor, como forma de llenar ese vacío que te dice que no eres una persona digna de ser querida… o una bastante general y visible: la adicción a un sistema social y a una construcción social de lo que es la vida, que aporta ese falso control que suple la tremenda inseguridad y el miedo que sentimos ante la existencia y ante un mundo que, en el fondo, todos sabemos que es hostil, y en el cual, no somos para nada especiales ni invulnerables.

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Existen centros a los que las personas con problemas con las drogas (y otras adicciones serias) acuden para luchar contra su adicción, intentando hacer el proceso lo menos duro posible y facilitando actividades y entornos agradables que favorezcan sus estados mentales positivos. ¿No sería genial crear un centro de desintoxicación de la vida cotidiana? Un lugar donde distanciarnos de aquellos parches y soluciones provisionales que toman nuestra vida y se convierten en nuestros dueños. Lugares donde tener el espacio y tiempo necesarios para ser reales, sufrir, enfrentarnos a nuestros demonios cara a cara y poder adquirir otra perspectiva de nosotros mismos y del mundo. Vivimos en un mundo que nos condiciona y nos sumerge en ciclos donde las desgracias se repiten cual círculo vicioso.

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Sería genial crear un lugar para salir por un tiempo de este sistema que nos condiciona, de forma que pudiéramos volver siendo conscientes de nuestra vulnerabilidad, y estando preparados para actuar y vivir en consecuencia. En definitiva, siendo un poco más reales, un poco más humanos.

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